El mareo afecta a una gran cantidad de personas. Y en ciertos casos no se trata de un malestar pasajero, sino de una molestia que necesita tratamiento. La quiropráctica es una buena alternativa para combatir al mareo.
Los mareos son uno de los síntomas de más habituales entre la población y se vuelven más frecuentes con la edad. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el mareo se presenta en más de la mitad de la población mayor de 65 años y constituye la tercera causa más común de consulta en pacientes ambulatorios. En muchos casos no es simplemente un malestar pasajero, pues la mayor parte de estos pacientes (80%) requieren finalmente tratamiento sanitario para atajar sus síntomas. En las consultas de quiropráctica, los mareos representan también uno de los motivos de consulta más habituales.
El mareo es en realidad un concepto amplio, con sensaciones de desmayo, debilidad, pérdida de equilibrio, malestar o desorientación que pueden asociarse a múltiples causas (cardiovasculares, digestivas, psicológicas, golpes de calor, etc.). No obstante, se estima que la mitad de los pacientes que acuden a las consultas por mareos presentan en realidad síntomas de vértigo. Estos síntomas en muchos casos responden a trastornos neurológicos derivados de problemas mecánicos de cuello. Son los llamados vértigos o mareos cervicogénicos.
Porque el vértigo se manifiesta como una molesta sensación de giro o movimiento de la propia persona o de los objetos que le rodean, llegando a producir con frecuencia alteraciones en la visión, náuseas y vómitos. La duración del episodio puede variar desde unos pocos segundos a horas e incluso días en los casos más graves.
La patología del vértigo se localiza comúnmente en el oído interno o vestíbulo. En el vestíbulo existe un grupo de células muy sensibles a los cambios de posición y composición del líquido que ocupa sus conductos y membranas otolíticas (que contienen piedrecitas que se desplazan con los movimientos de la cabeza). Esta disfunción vestibular puede tener su raíz en la propia anatomía del paciente, sobre todo en ancianos, debido al envejecimiento de su aparato vestibular. También se asocia a infecciones, traumatismos o latigazos cervicales, y en muchos casos a trastornos del sistema nervioso
En caso de padecer un nuevo episodio de vértigo, lo mejor es recostarse o sentarse un rato con la cabeza entre las piernas. Y sobre todo tratar de relajarse y evitar ponerse nervioso o entrar en pánico. El quiropráctico, además de realizar los ajustes necesarios, aconseja paralelamente al paciente sobre nutrición, higiene postural, ejercicios personalizados y descanso recomendado. Durante días el paciente debe llevar una vida tranquila y descansar lo mejor posible (reposo absoluto en casos agudos), buena alimentación, evitar el consumo de tabaco y alcohol y mantener una higiene postural sana que evite nuevos problemas de cuello y columna.
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