En un estudio reciente realizado sobre 150 niños se pudo apreciar que hasta el 73 % de ellos pasan menos de cinco horas al aire libre. Y eso revierte de manera negativa en su visión. ¿Por qué? Lo explicamos a continuación.
En el mencionado estudio se confirma la relación entre los problemas visuales y la falta de ocio infantil fuera de un lugar cerrado. Sin ir más lejos, la revista ‘Opthalmology’ publicó en 2012 una investigación que recomendaba aumentar el tiempo de actividad al aire libre una hora a la semana para reducir un 2% la probabilidad de desarrollar miopía.
Aunque en época de vacaciones los niños pasan más tiempo en la calle, existe una tendencia cada vez mayor al entretenimiento con actividades de cerca, sobre todo con juegos electrónicos, lo que ocasiona un mayor riesgo de miopía.
En estos estudios también se concluye que uno de cada cinco niños encuestados no practica ningún deporte; y dos tercios de los niños que acude a las consultas de optometría son miopes; a mayor edad, altura y peso, mayor probabilidad de tener miopía; y, finalmente, si alguno de los padres o ambos son miopes, la probabilidad de tener niños con miopía es mayor.
La causa más probable de estas cifras es el aumento de las actividades que se realizan en el interior. Algunos estudios han demostrado que los niños que realizan actividades a corta distancia (teléfonos móviles, videoconsolas, ordenador, etc.) presentan una mayor prevalencia de miopía.
De hecho, y según un trabajo de la Universidad Internacional Valenciana, se estima que un 77,7 por ciento de los niños y el 65 por ciento de las niñas entre los ocho y los nueve años pasan una media de cuatro a seis horas al día con videojuegos. Además, cada vez es menor la edad de inicio a los videojuegos, siendo los cinco años en los niños y los seis en el caso de las niñas.
El riesgo de miopía funcional provocada es mucho mayor cuanto antes empiecen los niños a utilizar aparatos electrónicos de cerca. La acomodación del ojo a los dispositivos electrónicos durante periodos prolongados de tiempo ocasiona que se utilice indebidamente la reserva de acomodación, lo que va a ocasionar una generación de miopes y la aparición de vista cansada varios años antes que en la actualidad.
La miopía de aparición juvenil suele desarrollarse entre los seis y ocho años de edad y puede progresar a una tasa de aproximadamente 0,5 dioptrías por año a lo largo de 15 a 16 años. La tasa de progresión en el rango de cinco a ocho años es de aproximadamente 0,6-0,7 dioptrías anual. Y a partir de los nueve años suele ser de 0,8.
Como medida para el control de miopía, se recomienda la ortoqueratología, una nueva técnica que consiste en el uso de lentes de contacto especiales por la noche.
Estas lentes producen un moldeamiento corneal que permite compensar el defecto de graduación sin que tengamos que usar lentillas o gafas durante el día. En el caso de la miopía, se ha demostrado que el incurvamiento periférico de la córnea produce un menor estímulo para el crecimiento del ojo y por tanto puede retrasar la evolución de la miopía.
Como alternativa a estas lentes nocturnas existen también lentes blandas de uso diario con los mismos principios y parecidos resultados. Otras recomendaciones son realizar revisiones periódicas para utilizar las gafas adecuadas, disponer de una buena iluminación y evitar el uso excesivo de pantallas electrónicas.
Si estás interesado en el control de la miopía de tus hijos, acude a un profesional para que les realice un estudio y así ofrecerles la mejor solución.
