El estrés es un proceso normal de adaptación a las exigencias o estímulos del entorno (estresores), es una respuesta natural para la supervivencia. La adaptación al cambio de entorno y volver a nuestros conocidos estilos de vida (obligaciones, responsabilidades laborales, la vuelta al colegio de los niños, etc) después de disfrutar de un período vacacional, es un claro ejemplo de potenciales situaciones de estrés post vacacional.
En este proceso de adaptación podemos experimentar cambios o reacciones a nivel físico (cuerpo), cognitivo (mente) y emocional, que harán que desarrollemos o activemos recursos internos (energía, autoestima, motivación, estados de ánimo, etc.) con los que afrontar dicha situación. Estas reacciones dependerán de la importancia que para nosotros tenga el estresor en cuestión. Y si no disponemos de la habilidad o capacidad para gestionar de manera adecuada nuestros propios recursos, podemos acabar exhaustos en nuestra particular batalla frente al estrés que se genere.
Pero hay algo más. La adaptación al entorno y, por tanto, el proceso estresante que pueda desencadenarse de un estímulo dado, dependerá en gran medida de cómo lo percibamos. El estímulo está ahí, es algo externo, pero la interpretación que le damos depende exclusivamente de nosotros mismos. Nos pasamos la vida en un ciclo de observación de la realidad, interpretación de dicha observación y tomando decisiones, actuando entonces en consecuencia.
Es evidente que algunas personas viven el retorno de vacaciones como algo ilusionante, otras, en cambio, lo viven con rechazo, con miedo, angustia o inseguridad, mientras que para otras es simplemente indiferente. Una realidad, múltiples interpretaciones. Para algunas el proceso de adaptación será normal y para otras, estresante. ¿Qué es lo que hace que para un mismo estímulo unas personas lo perciban de una forma o de otra? ¿Qué es lo que marca la diferencia?
Os invito a parar y reflexionar acerca de la interpretación que damos a la realidad que observamos. Seguro que encontramos un nuevo enfoque… algo más atractivo, positivo o tranquilizador, al menos algo más, algo distinto a las connotaciones improductivas con las que muchas veces nos quedamos acerca de las diferentes situaciones post-vacacionales que se pueden dar en nuestro particular proceso de readaptación.
Si somos capaces de observar la realidad desde otro prisma, con otros filtros, obtendremos nuevas interpretaciones que, sin duda, nos harán actuar diferente. En definitiva, afrontaremos mejor y con éxito las situaciones de estrés. La realidad está ahí, la elección de cómo interpretarla es nuestra.
Como dijo Epicteto, filósofo griego, “lo que le inquieta al hombre no son las cosas, sino la interpretación de las cosas”.
¿Qué nos impide, por tanto, elegir?